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Decide entre pagar pasaje al hospital o comer



Cindy Morales se ha visto en la disyuntiva de pagar el transporte para llevar a su hijo Pablo de 4 años al hospital o comer. La pandemia por Covid-19 afectó los ingresos y ella tuvo que aprender un oficio: poner uñas y pestañas, y de esta forma ayudar a su esposo con los gastos. Aún así no alcanza.


"Una vez mi esposo y yo sólo teníamos 20 pesos y estábamos viendo quién se regresaba a la casa con el niño, si él o yo, aún así, no íbamos a llegar con esos 20 pesos y estando en casa tampoco teníamos despensa. Ha sido una situación muy difícil", contó. Los gastos crecen cuando el hospital está a cuatro horas de camino y a mil 200 pesos de distancia. Mudarse a la capital de Oaxaca fue la solución que encontró Cruz Haidé Bautista, pero no fue buena idea.


Su pequeña de 8 años, Emari Yamilé, tuvo que lidiar con la tristeza de separarse de sus abuelos y primos. "Estuvimos dos meses rentando cerca del hospital, pero mi niña sufrió muchísimo porque la apartamos totalmente de sus hermanos, de sus primos, de sus abuelitos. Ella se deprimió, dejó de comer, ya no quería ir a las quimios, lloraba mucho, para ella era todo dormir y dormir. Se nos estaba muriendo de tristeza". Las familias han encontrado un "salvavidas" en las asociaciones civiles como Nariz Roja, en Guadalajara, que ha distribuido medicamentos no sólo en Jalisco, también en Oaxaca, Chiapas y Tabasco, o Apadrina un Niño, en Monterrey, que no sólo les ayudan a conseguir el medicamento que sus hijos necesitan, sino que también le dan otras armas indispensables para enfrentar la enfermedad. "Han sido una luz de esperanza para muchos papás y mamás que han padecido el desabasto, hay mucha organizaciones que se dedican de tiempo completo y con mucho cariño a darles el medicamento a todos estos pacientes", dijo Luis Fernando. Graciela Mares descarta haberse prestado para hacer política contra el gobierno. "Bastante tenemos con el problema de nuestros hijos, bastante sufrimiento tenemos al saber que uno de nuestros hijos tiene cáncer, estamos sufriendo con el desabasto de medicamentos, no nos podemos prestar para cosas como estas", consideró Graciela Mares.Una historia de éxito... gracias a un amparoAnte el desabasto de medicamentos oncológicos, los padres de familia han encontrado, a fuerza de amparos, la manera de que el Gobierno Federal dote de quimioterapias a sus hijos. Gabriela Arrezola aseguró con ese recurso que a Camila, su pequeña con leucemia, nunca le faltara la vincristina y pudiera así, completar el ciclo de quimioterapias que hoy tienen a la menor en remisión. Fueron 24 tratamientos y en el tercero le avisaron que no había medicina para su hija. Una doctora del Centro Médico de Occidente del IMSS le dijo que hiciera lo que tuviera que hacer para que Cami no suspendiera su tratamiento. "Me aconsejó ir con otra mamá y me dijo: 'No sé que haga ella, pero cuando viene sus quimios no se suspenden, siempre hay'. Me acerqué con esa mamá y gracias a ella, es de Vallarta, me pasó el dato del abogado (Pablo López) no me cobró nada y me hizo todo el trámite". El abogado de la Asociación Nariz Roja interpuso el amparo y procedió. Camila tenía garantizadas el armamento para vencer la leucemia. "En el hospital ya sabían que mi hija tenía un amparo (...) sí había quimioterapia para mi hija, al ampararme, mi hija recibió su tratamiento porque éramos 12 personas las que estábamos en el pasillo y de esas 12 personas, sólo mi hija y otra niña que se amparó, eran las que recibían quimios". En Jalisco son más de 40 niños que, apoyados por López, han logrado un amparo que les garantiza su tratamiento oncológico. Rosa Areli también recurrió al mismo recurso legal y con ese documento, a su hijo Jonathan, quien es atendido en la Clínica 25 de Nuevo León, no le ha faltado medicamento. "Llegué por la vincristina y no había, pero al decir que estaba amparada y vieron mis papeles, me dijeron que sí había vincristina para mi hijo, yo sí pude mirar un cambio bien grande".

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