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Molino de Flores, para darse una escapada a Texcoco



Rodeado por un inmenso lago, Texcoco fue el hogar de Nezahualcóyotl (quien gobernó de 1431 a 1472). En esta zona, hoy perteneciente al Estado de México (a una hora de Ciudad de México) se conservan interesantes vestigios arqueológicos como los conocidos Baños de Nezahualcóyotl, así como un parque nacional y los restos de una hacienda colonial: Molino de Flores.


Cuando uno se introduce en la hacienda siente que el tiempo se detiene. Las paredes del antiguo casco, que poco a poco se desdibujan, recuerdan a los tiempos de Antonio Flores de Valdés (de ahí su nombre), quien heredara el predio de su suegro Don Antonio Urrutia de Vergara en 1642. Con el tiempo, el recinto tuvo diferentes dueños y usos -incluyendo la producción de harina de trigo y pulque- y se agregaron espacios como el templo de San Joaquín, las caballerizas, las trojes (donde se guardaban los granos) y el panteón familiar, la mayoría en tiempos de Don Miguel de Cervantes y Velasco, marqués de Salvatierra. Uno de los elementos que más destaca es, sin duda, la capilla del Señor de la Presa, construida sobre la misma roca y donde, según la tradición, ocurrió una aparición milagrosa.


La hacienda mantuvo su auge hasta la época porfiriana, después fue abandonada hasta que en 1937 el presidente Lázaro Cárdenas la nombrara Parque Nacional. En décadas pasadas, fue set de decenas de películas mexicanas y extranjeras como “Sobre las Olas”, con Pedro Infante, y “El Tigre de Santa Julia”; de hecho, aún se conservan partes de la escenografía.


Actualmente, esta zona es un parque recreativo donde el visitante puede conocer las ruinas de la ex hacienda, andar en cuatrimoto y montar a caballo. También hay juegos infantiles, zona de venta de alimentos, dulces y pulque, un pequeño museo con la fauna de la región y zona para hacer picnics.


Asimismo, muy cerca del parque están los Baños de Nezahualcóyotl donde se conservan algunos vestigios arqueológicos, incluyendo una gran “alberca” donde se bañaba el Rey de Texcoco, los muros de lo que fuera su palacio de campo, cuevas y miradores. Desde aquí se obtiene una vista increíble y cerca hay un balneario.

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