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Murió La Jefa de Las Barras Pradera; así fue como fundó el Valle del Mamado junto con Paul



Recibió el mote de «La Jefa» porque, al igual que como lo hiciera en el Penal de Barrientos, se dedicó a cuidar «la casa» en Las Barras Pradera de Naucalpan, donde se dedicó junto con Paul Villafuerte, a crear este emblemático lugar del Valle de México, también conocido como «El Valle del Mamado«, con la intención de alejar a los jóvenes de las drogas y de los actos delictivos, para evitar que el futuro de éstos, fuera igual que su pasado.


Su nombre era José Luis Espinosa, alias La Jefa, uno de los personajes más emblemáticos del Naucalpan contemporáneo y quien ayer perdió la vida a causa del COVID-19 que lo mantuvo hospitalizado por casi un mes, debido a las complicaciones que le generó el virus por la diabetes e hipertensión que padecía, pero las cuales se mantenían controladas gracias al deporte que realizaba todos los días para ponerse «chuletón«.


«La Jefa», como se le conocía, tenía 65 años de edad y, hasta el pasado 31 de julio, se decía pleno y motivado, gracias a que, incluso en los picos más altos de la pandemia no dejó de practicar deporte, pues habían conseguido que Las Barras Pradera, ubicadas en la colonia Praderas de San Mateo, se mantuvieran abiertas en un horario recortado para que los jóvenes de la región pudieran seguir activándose, bajo el compromiso de que este sitio se mantuviera sanitizado.


Sin embargo, quizá su peor error, fue no creer en el COVID-19, al considerar que se trataba de un invento político, por lo que lo mejor era no creer y seguir haciendo ejercicio, pues «al que le toca, le toca«, aseguraba, aunque este mismo virus, fue el que lo mantuvo en cama varias semanas hasta que debilitó completamente su cuerpo.


¡Sin miedo al éxito papá!


La historia de Las Barras Pradera no puede entender sin «La Jefa», pues no solo su personalidad permitió que fuera conocido en todo el país, sino que su amistad con Paul Villafuerte y sus hermanos, hizo que colaborara para crear este gimnasio al aire libre que, hasta antes de la llegada de la pandemia a México, recibía hasta 300 personas al día sin cobrarles un solo peso, pero con el compromiso de que los participantes, en su mayoría, habitantes de las colonias aledañas, consideradas como unas de las que registran más alta incidencia delictiva en Naucalpan, no abandonaran sus estudios.


Según relató el pasado 31 de julio, fecha en que se le entrevistó por última vez, La Jefa llegó con Paul, fundador de Las Barras Pradera, hace seis años, y comenzó a ayudarle a soldar los tubos que reciclaban o que adquirían con los ahorros de los hermanos Villafuerte, para crear el gimnasio, incluso, decía orgulloso que él había soldado la escalera de tubos en la que entrenaron por varios años hasta que este lugar fue equipamos profesionalmente por el Gobierno de México.


«Al principio eran piedras, las barras paralelas que nosotros creábamos con tubos que nosotros mismos reciclábamos y soldábamos gracias a los ahorros de Paúl y sus hermanos, porque también nos demandaron porque querían quitarnos y las ganamos todas, además de que nos tocó limpiar porque aquí hay una coladera y pasa un río, en donde si alguien cae, ya no regresa, por eso aquí también le llamamos La Gran Tenochtitlán», comentó.


Y aunque José Luis Espinosa aseguraba que nunca imaginó que este lugar se volviera tan emblemático como sí lo hizo Paul, se decía feliz de ser parte de él, pues en poco tiempo se volvió una de las figuras principales del lugar y uno de los entrenadores a los que los jóvenes le hacían más caso y respetaban.


«Toda mi vida había hecho ejercicio y lo dejé por trabajo, pero cuando ya no lo hice, me dio la enfermedad y el doctor me recetó volver. Del trabajo me iba al Parque Naucalli y luego a mi casa, pero me encontré a Paul y me vine para acá y creamos este espacio.


«Hoy mi principal motivición es ver a los chavos saliendo adelante, ya no cayendo en la drogadicción o en otras cosas malas, porque aquí les digo que si no regresan a estudiar, yo ya no los entreno y aquí han salido licenciados, contadores, de todo, y aunque digan que aquí estamos orates, yo los invito a que vengan y se echen un quien vive para ver quién sabe más», comentó.


Antes de enfermar, La Jefa tenía un nuevo sueño que era certificarse como entrenador profesional, para lograrlo, su amigo Paul le había anunciado que lo becaría para que unos días después también él cumpliera este procedimiento; sin embargo, su mayor ilusión era ver que uno de esos jóvenes a los que había ayudado, ganara en alguna competencia, representando a su segunda casa: Las Barras Pradera.


Cientos han externado sus condolencias en redes sociales por el fallecimiento de «La Jefa«, aunque por el momento la familia de Paul Villafuerte, confirmó que no se tiene contemplado algún homenaje en el gimnasio urbano al que acudía diariamente.

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